Japón 2025 II: Kantō

Esta es la segunda parte de la aventura en Japón 「2ª temporada」


Prefacio

Luego de pasar 6 días en Tokyo, visitando algunos de nuestros lugares favoritos como también otros nuevos, por fin llegó el día de ir a buscar nuestra moto, una fantástica Yamaha Tracer 9 GT. Con ella, podríamos dar inicio a una nueva ruta en Japón.

A diferencia de la larga navegación en ferry hacia Hokkaido del año pasado, en esta ocasión nos mantendríamos en la zona central de la isla principal, Honshu. Es en esta isla donde habita más del 80% de la población y su geografía está marcada por una gran cadena montañosa que divide las costas del Mar de Japón y el Océano Pacífico.

En esta segunda parte de nuestra aventura en Japón recorreremos Kanto, una de las regiones más pequeñas del país, pero donde vive casi un tercio de su población. Y es que en esta región se encuentra la gran llanura de Kanto, siendo la planicie más grande de Japón, lo que, en un país tan montañoso, permitió el desarrollo de una de las áreas metropolitanas más grandes del mundo.

Todo este crecimiento, expansión y desarrollo va directamente asociado a su contraparte: la disminución, contracción y deterioro del hábitat natural de la biodiversidad. A pesar de esto, es posible encontrar una rica diversidad de fauna en los parques, reservas y fragmentos que quedan inmersos en el paisaje.

Pero basta de presentaciones, después de todo, ¡hay que echar a andar la moto y verlo por nosotros mismos!


2-nov. [Tokyo – Abiko]
37,6 km

Hoy comienza la gran aventura, dejando Tokyo atrás para recorrer en moto. Qué gran contraste al año pasado, cuando el día de partir fue el clímax de las dudas y de cuestionarme a mí mismo. Eso sí, ver el pronóstico del tiempo que mostraba frío y lluvias en parte de nuestra ruta me daban para pensar que tal vez sería una vuelta más corta de lo planeado. Quizá no alcancemos a ver el Mar de Japón, donde los vientos fríos desde el norte comienzan a advertir la proximidad del invierno.

Nos demoramos un poquito más en hacer el check-out, por lo que pedimos disculpas en recepción. También dejamos nuestras maletas almacenadas aquí hasta que volviéramos dentro de dos semanas. Era una mañana excelente, ya que el cielo estaba completamente nublado, prometiendo un viaje agradable, y me ahorré caminar 1 km con el equipo hasta el estacionamiento de moto en la estación Monzen-nakacho. ¡A las 11:00 partimos hacia Abiko!

Hoy era el segundo día del Japan Bird Festival, por lo que teníamos que apresurarnos. Salimos de Tokyo por la Ruta Nacional 6, rumbo al noreste, cruzando el río Ara por el puente Yotsugi, el primero de varios puentes en nuestro recorrido. Me alegraba mucho contar con la GoPro esta vez, ya que el año pasado iba fascinado y lamentando no poder digitalizar algún recuerdo de los paisajes en movimiento. Así que esta vez tengo muchas fotos para complementar la historia.

Cruzando el puente Yotsugi sobre el río Ara.

Al llegar a Matsudo cambiamos a la Ruta 281. Cruzamos varios puentes y sitios con enormes bambúes, en medio de un paisaje que recordaba un patchwork, donde se juntaban parches de cultivo, casas, industrias y otros.

[Ruta 6. Gojoya, Kashiwa, Prefectura de Chiba]

Luego de un rato llegamos a nuestra primera Michi-no-Eki del viaje, Shonan, justo al lado sur del lago Teganuma. Nuestro plan de “detención breve y vamos al festival” terminó estirándose a casi una hora. ¿No se supone que ya aprendimos sobre eso? Al ser una estación cercana a Tokyo, un fin de semana además, estaba bastante llena. No podíamos dejar de mirar el desfile de mini-perritos, tan habituales de Japón, cada uno más adorable que el anterior. Aproveché de tomar un helado de frutilla (¡no podía faltar!), aunque mi estómago seguía sin estar al 100%.

Michi-no-Eki Shonan
Helado de frutilla. (Helado nº4)
Honda NSR250 SP Rothmans. Una belleza de finales de los 80s.
Nótese cómo los cascos quedan sobre la moto o directamente el el suelo, solos, varios minutos. Y al volver siguen ahí.

Cruzamos el puente Tega sobre el lago Teganuma y divisamos el edificio Hydro Plaza and Water Museum, donde se desarrollaba el Bird Festa. Me sentí feliz de llegar y ver tantos stands y tanta gente asistiendo. Llegar en moto nos salvó del festival paralelo de tener que buscar dónde estacionarnos, porque justo en la entrada habían otras motos y bicicletas.

El afiche del Bird Festa 2025.
El Bird Festa incluso contaba con buses desde distintos lugares.
El escenario principal del evento.

Tres señoras mayores en un stand nos dieron la bienvenida y nos entregaron unas cartillas para el stamp rally del festival. ¡Mi primer stamp rally! Siempre quise participar en uno. Pero inmediatamente nos llegó el balde de agua fría cuando nos advirtieron que teníamos que apresurarnos, ya que a las 15:00 se terminaba. ¿Qué cosa? Todo. ¿…Qué hora es? Las 14:00. Ay no…

Un impresionante mosaico con 126.840 mondadientes pintados. ¡Puntillismo de palitos!
Summer Triangle

Lamenté tanto no haber llegado más temprano o incluso habernos venido ayer de ser posible, no había visto que sábado y domingo tenían horarios diferentes. Feru, por su parte, se sentía culpable por la demora, aunque de forma injustificada. Oh bueno, sólo nos queda aprovechar y recorrer todo lo posible, ¡aunque tenga que ser trotando!

Una linda exhibición de arte emplumada en estilos muy variados.
Ilustradora: Suzuha Maejima (前島鈴葉). Escuela secundaria integral Makuhari, Chiba.
¡Uno de nuestros favoritos entre tanto dibujo hermoso! Acá pueden ver más posters: https://www.jspb.org/poster

Habían muchos puestos con artesanía con temática de aves, como collares y aros con plumas recogidas de aves nativas, pajaritos de vellón, tenugui; también habían múltiples puestos con demostración de cámaras y lentes teleobjetivos (unas grandes monstruosidades ópticas); arte en distintas formas y medios; comida temática en el sector de los food trucks… ¡Y todo esto junto al lago Teganuma, que se lucía con las nubes sobre él!

Proyecto de monitoreo de cisnes usando collares con cámara. Drones emplumados. Una reimplementación moderna de lo que hacía Julius Neubronner con sus palomas en 1907.

Aprovechamos de pajarear junto al lago, donde un escandaloso Bull-headed Shrike llamaba la atención de todos los que pasaban por su árbol con su insistente vocalización (aquí pueden escuchar lo que grabé). Otra especie que apareció fue el Japanese Wagtail, moviendo su cola junto al agua. Nuestra carrera por las estampas no resultó tan bien, porque logramos reunir tres antes de encontrar que ya las estaban guardando.

Bull-headed Shrike (Lanius bucephalus)
モズ | mozu
Japanese Wagtail (Motacilla grandis)
セグロセキレイ | segurosekirei

Un joven japonés que caminaba en sentido contrario junto al lago me indicó que había visto un gabichou. ¿¡Un faisán aquí!? Me mostró una foto en su cámara y en su celular me mostró el punto, pero a pesar de la prisa y la emoción, no pudimos encontrarlo.

El puente Tega al atardecer.

Considerando que atardecía, y que aún estábamos en la incertidumbre de dónde dormiríamos hoy, aproveché una pausa para buscar en Airbnb. De los tres cercanos, sólo una me respondió, por lo que ya habiendo resuelto ese “pequeño detalle”, pudimos seguir caminando. La puesta de sol estuvo preciosa junto al lago. Me entristeció no haber podido disfrutar más del festival, ya que había tanto por ver y muchas actividades. “Next year!“, nos dijo sonriente una de las señoras que nos dio la bienvenida cuando llegamos.

Nuestras misago no tsubasa, ‘alas de águila pescadora’.
¡Qué maravilloso atardecer para cerrar el festival!
P.D.:

¡Hace poco me fijé que una foto de nosotros apareció en la web del JBF2025!

Lo bueno del hospedaje que encontré es que estaba a menos de media hora de donde estábamos, por lo que llegamos rápido. Se encontraba justo al lado de la estación Abiko. Tan cerca que podíamos escuchar con claridad los anuncios que daban por los parlantes de la estación. A ninguno de los dos le importó honestamente.

Tapa de alcantarillado de Abiko.
Tapa de alcantarillado de Abiko, asociada a grifo para incendios.
Una casa para nosotros solos, ya que no habían más ocupantes esa noche.
Un daruma de Hello Kitty en la entrada.
Té, café y microondas, todo lo que necesitamos aquí.

Antes de terminar el día buscamos un lugar para comer, encontrando un local al otro lado de la estación, el Okonomiyaki Dojo Kuidaore. El ambiente era el de un local tradicional muy acogedor y con algunos grupos de gente pasando un buen rato preparando comida en sus mesas. Estuvo muy rico todo lo que comimos, además que fue primera vez que tomé Calpis y la encontré genial. Tuvimos que esperar más de lo que nos habría gustado, pero atribuyo la impaciencia a estar con mucha hambre.

Calpis. 220 円
Teppanyaki de verduras. 700 円

Volvimos a nuestro hospedaje y me hundí en mi cama, escuchando un tren que iba o venía, durmiendo de inmediato.

¡Lo mejor al final de un día largo!

3-nov. [Abiko – Nikkō]
146,1 km

Soñar con una avioneta cayendo sobre tu casa… ¿Qué diría un psicólogo? Quizá me traten de hablar de la biblia otra vez (historia real). Lamentablemente me desperté más temprano de lo que me habría gustado, teniendo varios minutos antes de que la alarma sonara. Salimos a conseguir algo para desayunar a alguno de los konbini al otro lado de la estación Abiko, ya que anoche, a pesar de haber pasado por ahí, ninguno fue muy brillante como para aprovechar. Mientras cruzábamos la estación, además de encontrar la estampa, vimos a una chica que lucía unos adornos de aves en su mochila. ¿Habrá ido al Bird Festa también?

Tapa de alcantarillado de Abiko.
JR Abiko Station

No entiendo por qué el malestar estomacal sigue aquí, contando casi cinco días, si he comido liviano y sano. ¿Será por dormir poco? ¿Estrés invisible?

Preparamos nuestras cosas y logramos sacar todo a las 11:00, justo para el check-out, aunque afuera estuvimos media hora más ordenando. A diferencia de ayer, el sol brillaba en el cielo y eso bastaba para que muchas mariposas revolotearan en las plantas que rodeaban la casa.

La Ruta Nacional 356 nos llevó fuera de Abiko, para luego tomar la Ruta 7 y dirigirnos hacia el noroeste. El fino entramado del patchwork en la tierra dio paso a un teselado de campos abiertos hacia ambos lados de un camino largo y estrecho. Aquí, el viento cruzado se hizo notar con fuerza, soplando desde el oeste, de manera semejante a lo que vivimos en los campos de Obihiro. Iba con toda mi concentración en el camino, viendo los pocos árboles sacudiéndose y tratando de seguir una trayectoria lo más recta posible. El peso de la moto, casi 50 kg más que la V-Strom 250 SX del año pasado, ayudaba a tener más estabilidad.

[Funakata, Noda, Prefectura de Chiba]
Cruzando el puente Sakai. [Sekiyadodaimachi, Noda, Prefectura de Chiba]

Cruzamos el río Tone en el puente Sakai, justo al lado de la Michi-no-Eki del mismo nombre. Estacioné y me recosté sobre el estanque. ¡Al fin un momento de calma para respirar y relajarme! El viento estaba causando algunas complicaciones en la michi-no-eki también, ya que derribaba carteles y se llevaba los toldos de algunos comerciantes ubicados en el exterior. A pesar de mi estómago, me atreví a un helado de matcha que estaba buenísimo. También aproveché este momento de descanso para una tarea importante: buscar dónde alojarnos, ya que hasta ahora nuestro destino simplemente se llamaba Nikko, pero eso no incluía las camas.

¡Viento!
Michi-no-Eki Sakai
Helado de matcha. (Helado nº5)

Luego de 70 minutos en el lugar, arrancamos el motor y nos fuimos… justo por donde no había que ir. Un error absurdo nos mandó en dirección al puente Sakai. Recordé todos esos momentos en los que uno dice “Ojalá pueda volver algún día” o “Quizá esa fue la última vez que (…) y nunca lo supimos”. Bueno, ahora definitivamente estábamos por cruzar el mismo puente por segunda vez. Y ya sabía que vendría la tercera, así que se convirtió en un rato en nuestro puente más visitado.

La Ruta Nacional 354 se extendía paralela al río Tone por el lado norte, por donde avanzamos hasta pasar a la Ruta Nacional 4, rumbo al norte. No fue necesario recorrer mucho antes de que la Michi-no-Eki Makuraganosato Koga apareciera, donde conseguí la segunda Pocari del día. Estuvimos otros 70 minutos. ¿Qué hacemos mal?

Michi-no-Eki Makuraganosato Koga
Respetables tubos de escape de una Harley Davidson [Yakushiji, Shimotsuke, Prefectura de Tochigi]

La autopista me permitió darme el gusto de ir probando distintas cosas con la Tracer 9, como ver el comportamiento de la moto a altas revoluciones. ¡Llegar a las 7.000 rpm fue emocionante! También pude notar que justo en las 4.000 rpm es donde los tres cilindros comienzan a armonizar a través del escape y logra un sonido que me encantó. (Rayos… Ariel, tienes tu propia moto que te espera en Chile).

Al rato llegamos a la que sería la última detención del día, en la Michi-no-Eki Shimontsuke, donde un gigantezco daruma se alzaba junto al estacionamiento. Entre tantos productos locales, elegimos probar unas bebidas lácteas con frutilla. ¡Muy, muy ricas! Todavía nos quedaban 70 minutos de viaje hasta Nikko, así que la detención duró media hora y partimos.

Michi-no-Eki Shimotsuke
Un gran daruma en la Michi-no-Eki Shimotsuke.
Una bellísima BMW R60/6 de mediados de los 70s con carenado y parabrisas custom.
Ahí seguía la GoPro, luego de 30 minutos de olvido. Llegar y llevar, al igual que los cascos y guantes.

El sol nos dejó mientras avanzábamos por la Ruta Nacional 4, el cielo lucía lindo con el atardecer. Doblamos hacia el oeste y hacia las montañas, subiendo por la Ruta Nacional 119 y viendo cómo la temperatura bajaba mientras ganábamos altura. También comenzaban a aparecer bosques a los costados del camino, hasta donde las luces de la moto nos permitían ver, porque la noche nos había privado del paisaje. La última michi-no-eki que se cruzaba en la ruta, Nikko, estaba cerrada, así que sólo quedaba conducir hasta llegar al hospedaje.

[Kaminokawa, Kawamachi, Prefectura de Tochigi]

Al llegar a Nikko vimos todo cerrado y vació a lo largo de la calle principal, lo que nos llamó la atención a ambos. Vimos el sagrado puente Shinkyō, que corresponde a una de las postales del lugar y avanzamos un poco más. Tomamos un camino menor y avanzamos los últimos 900 metros y llegamos al que sería nuestro hospedaje por dos noches, el Airbnb “Nikko Waraku”, que encontré seis horas atrás.

Nuestra habitación tenía tatami en el suelo y dos futones, las ventanas interiores eran de madera y papel, siendo nuestra primera vez en un lugar de estilo tradicional. Nos gustó mucho en verdad. La otra parte “tradicional”, que me gustó sólo a mí, fue la presencia de bichos, ‘mushi‘, encontrando un par de decenas aquí y allá. Eran principalmente escarabajos (chinitas) y uno que otro chinche (de los que se alimentan de plantas), así que me entretuve un buen rato atrapándolos, tomándoles fotos para iNaturalist y liberándolos por la ventana.

Nuestra nueva base durante los próximos días.

Esos 900 metros de camino solitario y oscuro junto al bosque se veían tan prometedores desde la moto, que salir a comprar provisiones para comer se volvió una aventura en sí misma. Hacía bastante frío, ya siendo las 20:00, así que salimos abrigados con nuestras linternas y mi cámara. Habían pocos postes con luz, por lo que la mayor parte del camino era oscuridad total, con el sonido del río (Aioi?) que corría paralelo a nosotros. Usando la linterna llegó el repentino momento en que vimos un par de ojos en la oscuridad, a unos 10 metros de nosotros, pero rápidamente ese par se multiplicó por cinco. ¡Eran cinco ciervos sika echados sobre la hojarasca!

¡Comienza la temporada de críptidos!
Ciervo sika (Cervus nippon)
シカ | shika

Compramos algunas cosas de comer en el Lawson y en el recorrido inverso esta vez notamos un brillo sobre los árboles. “¿Un búho?”, fue lo primero que pensé, considerando lo que suele moverse en los árboles de Chile en la noche. Rápidamente el movimiento de las ramas, más pesado de lo que haría un ave, indicaron que se trataba de otra cosa. Saqué mi cámara y usé todo el poder de la combinación lente-linterna para ver de qué se trataba, ya que estaban lejos. “¿Qué demonios es esto?”. ¿Un tanuki? ¿Un tejón? ¿¿Milhouse?? Ninguno de los dos lograba asociar la criatura de la foto a un nombre. Criaturas, por cierto, ¡ya que era un adulto y dos crías! Sería en el hospedaje que una revisión a la fauna local nos llevó a qué era: una civeta. Nos sentimos extremadamente afortunados del encuentro (¡Y que no haya sido con un oso a cambio!).

Civeta de las palmeras enmascarada (Paguma larvata)
ハクビシン | hakubishin

Si no hubiéramos pasado con la linterna, jamás los habríamos notado. Fuimos hablando un buen rato de cómo la fauna puede estar tan cerca y su presencia pasa inadvertida bajo las condiciones apropiadas.

Cuando por fin volvimos, disfrutamos nuestra merecida comida de konbini y nos acostamos en nuestros futones. El sonido del río engañaba sin mayor esfuerzo y nos decía que afuera había comenzado a llover.

4-nov. [Nikkō]
90,5 km

¡Qué precioso paisaje se ve desde la ventana! Los colores naranjos del otoño compartían los cerros con el verde de los pinos. Salimos a una breve caminata cerca del hospedaje para conocer un poco, encontrándonos con un área tranquila, solitaria y rodeada de naturaleza.

La noche anterior dejé instalada la cámara trampa para probar suerte viendo qué capturaba, así que lo primero que hicimos fue ir a buscarla. Afortunadamente la cámara seguía ahí (siempre una incertidumbre), y aún mejor, ¡tenía una captura!

Ciervo sika (Cervus nippon)
シカ | shika

Nuestra exploración nos permitió llegar a un pequeño puente sobre el río Netsu, el que escuchamos desde el hospedaje. Y lo primero que encontramos en este lugar fue un Brown Dipper, cuyo nombre en japonés, ‘kawagarasu‘, significa ‘cuervo de río’.

Río Netsusawa.
Brown Dipper (Cinclus pallasii)
カワガラス | kawagarasu
Una familia de ciervo sika (Cervus nippon) alimentándose entre las casas.
シカ | shika

La ciudad de Nikko se ubica a los pies de un un complejo volcánico, donde los más cercanos y altos corresponden al monte Nantai (2.484 m de altura) y el monte Nyohō (2.483 m de altura). Un poco más lejos se encuentra el rey de todo este complejo, el monte Nikkō-Shirane (2.578 m de altura), siendo la montaña más alta del noreste de Japón.

El plan, luego de este interludio geográfico, era recorrer el perímetro del monte Nantai y el monte Nyohō. Aunque ya sabíamos de antemano que no podríamos hacer el circuito perfecto, ya que un tramo, el camino forestal Sanno se cierra cuando se aproxima el invierno.

Fue una mañana a paso lento, pero cerca del mediodía el paseo se volvió veloz cuando nos subimos a la moto para recorrer el lado norte de Nikko.

Nuestra primera detención fue en la bencinera para llenar el estanque y luego partir rumbo al norte por la Ruta 169, bordeando el lado oriente del monte Nyohō. El paisaje era espléndido y fue nuestro primer baño en la paleta otoñal en los bosques de Honshu. La ruta tenía muchas curvas a medida que ascendíamos. El sol brillaba y el aire se hacía cada vez más fresco.

Llenando estanque en la bencinera ENEOS de Nikko. Así como Pequeño Bandido, esta moto usa premium.
Cruzando el río Daiya por el puente Kirifuri-ohashi. [Ruta 169. Nikko, Prefectura de Tochigi]

La moto se sentía ágil y estable en las curvas, a la vez que rápida y potente en las rectas. Era muy cómoda en comparación a nuestra experiencia con la V-Strom 250 SX en Hokkaido. Me sentía particularmente agradecido de tener un asiento más largo y cómodo, aunque en realidad me sentía encantado con la moto en todos los aspectos.

[Ruta 169. Tokorono, Nikko, Prefectura de Tochigi]
[Ruta 169. Tokorono, Nikko, Prefectura de Tochigi]

Un rato antes, en Nikko, me estaba comenzando a sentir asado, pero a medida que subíamos y empezaba a haber más viento, se sentía una temperatura muy agradable para andar en moto.

Planicies de pastoreo en zonas altas. [Ruta 169. Nikko, Prefectura de Tochigi]

La Ruta 169 terminó en su punto más al norte y nos pasó a la Ruta 23, por la cual ahora nos dirigimos rumbo al oeste, ahora en el borde norte del monte Nyohō. Cruzamos sobre el río Kinugawa, para luego seguir junto a éste durante 14 km, cruzando una serie de túneles, un par de puentes y varias curvas. Me recordó nuestro cruce entre Obihiro y Sapporo del año pasado, en la bellísima Ruta Nacional 274, y me sentí tremendamente alegre de poder estar otra vez viendo estos colores y las hojas cayendo junto al camino mientras conducía una moto en Japón.

[Ruta 23. Nokado, Nikko, Prefectura de Tochigi]
[Ruta 23. Kawamata, Nikko, Prefectura de Tochigi]

Nuestra ruta nos llevó hasta el lago Kawamata, donde los cerros anaranjados se reflejaban en sus aguas. Llegamos hasta el puente Kawamata-ohashi, cruzándolo sin detenernos hasta el extremo opuesto donde el camino se bifurcaba. A la izquierda, la continuación de la ruta y desde donde venía un par de autos, y a la derecha, un estrecho camino alfombrado de hojas secas. ¡A la derecha entonces!

Puente Kawamata-ohashi. [Ruta 23. Kawamata, Nikko, Prefectura de Tochigi]
[Camino forestal Kawamata-Hienoeda, Nikko, Prefectura de Tochigi]

Poco bastó avanzar para que la alfombra de hojas se convirtiera en una alfombra de hojas y algo de barro. Por muchas alabanzas que pueda hacerle a la Tracer 9 GT, esto era algo que requería a mi moto, o más bien, que requería neumáticos más apropiados que los lisos que tenía aquí. ¡Y definitivamente no quería experimentar con la combinación de factores en una moto pesada que no es mía!

Con el puente Puente Kawamata-ohashi de fondo.

De esta forma llegamos espontáneamente al final de nuestro camino. Y así como esas historias que hablan de un tesoro al final del camino, encontramos nada más ni nada menos que heces de oso. ¡Wow! Cada vez más cerca de uno de verdad… Además de eso, había un grupo de zorzales entre la hojarasca, que gracias a la cámara pude distinguir luego. En Japón, los zorzales suelen ser migratorios… []

Eyebrowed Thrush (Turdus obscurus)
マミチャジナイ | mamichajinai
Pale Thrush (Turdus pallidus)
シロハラ | shirohara

En el puente enfrentamos el primer inconveniente del viaje, el cual complicaría bastante nuestras vidas durante el resto de la travesía. Noté que el celular que traía conectado al puerto USB de la moto estaba casi sin batería. “Mmm, esto es extraño”. Me puse a revisar el puerto y el cable. Al rato de experimentar noté que el conector del cable estaba hirviendo y no había carga. Y yo que dejé la batería externa confiando en la moto…

Puente Kawamata-ohashi.

El regreso tuvo bastante más sombras en el camino y, a medida que subíamos, la temperatura cayó considerablemente. ¡Hacía mucho frío! Al llegar al punto más alto de la ruta, el termómetro de la moto indicaba 5ºC. Más adelante en el viaje aprendería que la moto siempre indicaba 2 ó 3 grados por sobre la temperatura real. Lo bueno es que mientras descendíamos hacia Nikko sentimos cómo ganábamos algo de temperatura de a poco.

Las curvas tenían suficientes hojas como para no perdonar errores en moto. [Ruta 23. Kamikuriyama, Nikko, Prefectura de Tochigi]

Fuimos a censar a un restaurant indio ubicado sobre el Lawson, llamado Taj Nikko. Teníamos mucha hambre y pedimos dos sets de curry con nan. Oh, que tontos fuimos. Los platos eran grandes, el nan era enorme, y ninguno de los dos logró terminar su comida. ¡Pero estraba tan rico! “Tengo curry frente a mí y no quiero comerlo, ¡me convertí en el ser que siempre odié!”. Más encima el golpe de sueño y el agotamiento del día me tenían devastado.

Set de curry vegetariano (1750 円) + nan (350 円) para mí.

Luego de esa vergüenza volvimos al hospedaje, no sin antes instalar la cámara trampa en otra parte del bosque. Ya tenía la idea dando vueltas por mi cabeza hace algunas horas, pero ahora decidí aplicarla. Nos quedaríamos una noche más en Nikko. “Tomorrow is all booked“. ¡Diablos! Oh bueno, está decidido, mañana nos vamos. Me tomé mi botella de Pocari y fuimos a dormir.

5-nov. [Nikkō]

La mañana comenzó con la tarea de ordenar todas nuestras cosas, ya que a las 8 AM supimos que había una pequeña pieza disponible y podríamos quedarnos una noche más, por lo que teníamos que desocupar para el cambio.

Hoy sería un día de pasear a pie por Nikko y el plan incluía una visita a los templos del lugar. Salimos a las 11:00 rumbo a la calle principal. Antes de llegar a ella, sin embargo, una tienda de artesanías captó nuestra atención, Urushi-ya, en cuya ventana se lucían algunas tazas y platos de cerámica. Pasamos a mirar el resto de las cosas al interior, recorriendo el espectro entre el “¡mira que lindo!” hasta el “¡esto es realmente impresionante..!”.

Al momento de pasar por la caja con una pequeña taza, pudimos ver unos destellos que se colaban a través de unas cortinas, destellos de una bestia de metal… Al preguntarle al dueño, un hombre de unos 70 años, sobre la moto, su expresión se volvió la de alguien a quien se le pregunta por aquello que ama. Sonrió con orgullo y nos preguntó si queríamos verla. Cruzó la cortina e hizo avanzar los 400 kg de una imponente Harley Davidson hasta el centro de la tienda. Creo que nunca había tenido la oportunidad de admirar una Harley de tan cerca. Era una preciosa Electra Glide Ultra, y no sólo eso, ya que era una edición limitada del 110º aniversario, luciendo un “1134/3750” grabado.

Nos invitó amistosamente a subirnos a su moto si queríamos. Rechacé la oferta, pero Feru aceptó sin pensarlo dos veces. Aunque antes de eso nos recordó de la existencia de la taza, la que claramente quedó olvidada ante tanto metal.

Hablamos sobre motos un rato, en la medida que armábamos un puente entre idiomas con el conocimiento de Feru y la ayuda del celular. Nos contó que anduvo harto en moto, pero que últimamente ya no conducía debido a su edad y el dolor de espalda asociado. Aún así, se notaba que adoraba su moto, ya que conozco de cerca esa mirada que le daba a la máquina.

Le encantó oír que estábamos recorriendo Japón en moto. Hice el viejo ejercicio del año anterior de proyectar un mapa imaginario entre nosotros y con mi dedo fui dibujando el circuito de nuestra ruta tentativa: Tokyo, Abiko, Nikko, Niigata, Sado, Jōetsu, Shirakawa, Matsumoto, Fuji, Tokyo. “Ah! Touring!“, exclamó. Nos advirtió del frío en Niigata y la isla Sado y nos deseó un viaje seguro.

Touring“. Me hizo pensar que es una palabra que nunca uso, aunque es la que mejor define lo que estamos haciendo. Me pregunto si podré seguir andando en moto cuando tenga su edad. (Me pregunto también si seguiré vivo hasta tener esa edad). Definitivamente tendría una moto más liviana.

Will you still need me,
will you still feed me
When I’m sixty-four

The Beatles

En nuestro paso por el Lawson para conseguir algo de comer, tuvimos un momento “¡Mi país, mi país!” cuando nos encontramos con algunos vinos chilenos. Costaban alrededor de $4.000 CLP la botella de 750 ml, lo que no me llamó la atención en su momento porque no tomo vino y no manejo sus precios. Sin embargo, y con el afán de mantener este blog con un un nivel decente de investigación respecto a lo que escribo, terminé en Reddit… donde un usuario explicaba que el bajo valor respecto al que encontramos en Chile se debe a su baja calidad.

Caminamos hasta el puente Shinkyō, logrando por fin apreciarlo bien, ahora a pie y sin moto. Había bastante gente, pero era posible tomarle fotos con calma. Era algo similar a la plaza del canal Otaru.

Puente Shinkyō.

Desde ahí cruzamos hacia las escaleras que ascendían hacia el cerro, donde una placa de roca anunciaba “WORLD HERITAGE – Shrines and Temples of Nikko“. Es aquí donde 103 edificaciones religiosas se reparten entre dos santuarios Shinto y un templo budista, todo esto en un espacio rodeado de bosque.

Ichi no Torii.

El follaje otoñal que hacía que todo luciera hermoso y atemporal. Si ya me había llamado la atención que hubieran unos cuantos templos y santuarios juntos en Ueno, este lugar multiplicaba todo varias veces más. Los edificios más antiguos fueron construidos en el siglo XIII, mientras que muchos otros datan del siglo XVII, durante el periodo Edo.

Puerta Rōmon.

Llegamos hasta el santuario Futarasan luego de cruzar la puerta Romon y lo primero que encontramos luego de que nuestros ojos pasearan sobre la arquitectura fue un conejo. Un conejo dorado sosteniendo una esfera de lapislázuli, imposible no verlo.

El conejo dorado en el santuario Futarasan.
Pagoda Sōrintō.
Templo Nikkozan Rin’nōji.
Estatuas de tanuki.

Nuestra caminata a lo largo de la calle principal nos mostró cómo la mayoría del comercio tenía horarios bastante particulares, posiblemente relacionados con los itinerarios de los viajeros que vienen desde Tokyo por el día. Nuestras opciones para comer se veían algo limitadas y hartos de los lugares estaban llenos.

Nikko Kamen
Tapa de alcantarillado de Nikko Kamen.

“Cheese Garden”. El nombre del lugar bastó para llamar la atención de nuestra rata interior y entramos a mirar de qué se trataba. Aquí tuve mi primer encuentro con un helado de queso. Y sí, me pareció tan extraño como a cualquiera que lo lea. Motivo suficiente para querer probarlo. ¡Estaba muy bueno!

Helado de queso. (Helado nº6)

Todavía no podíamos almorzar, aunque, al igual que en terrreno, en un recorrido como este se saca a relucir la capacidad de aguantar con pequeñas comidas. En un carro vimos que ofrecían “Yuba karepan” y no pudimos negarnos. ¡Era enorme y estaba buenísimo! Además, mientras esperábamos la dueña nos ofreció algo de té, mientras decía que había que cuidarse del frío.

Yuba kare pan. 600 円
Té verde para pasar el frío.

Finalmente nuestro recorrido llegó a su punto más lejano, casualmente donde un lugar llamado SPiCA kunst BiER promocionaba unos tremendos hot-dogs con una salchicha de 30 cm. “Only place in Nikko!”. Al interior del lugar, las paredes blancas servían de pizarra para cientos de mensajes y dibujos de distintas partes del mundo. Y sí, un “¡Viva Chile!” nos indicaba que algún compatriota también pasó por ahí. Por nuestra parte, cada uno dibujó a su gato.

30 cm de indomable salchicha.
Los dibujos iban desde increíbles y detallados personajes de anime… hasta mi gato.

Afuera ya era de noche y estaba helado. La calle principal desierta y apenas eran las 18:00. Pudimos disfrutar del puente que hace unas horas estaba lleno, ahora sin nadie alrededor. Y también pudimos revivir nuestra vieja tradición de Hokkaido: recurrir a una lata de café caliente para calentar las manos. Aunque claro, allá se trataba de un asunto de primera necesidad, considerando que fue una ruta terriblemente fría.

“Oye, si no cenamos ahora, sólo nos quedará el konbini“. Nos miramos y luego vimos frente a nosotros el cartel frente a nosotros. Taj Nikko. El lugar de nuestra derrota absoluta el día anterior. “¡Podemos hacerlo!”. Aunque lograrlo requería moderación y saber que había que tratar un plato con respeto, ya que las porciones eran grandes.

Esta vez pudimos disfrutar mucho más la comida, encontramos que el curry estaba fantástico y nos gustó mucho el lugar.

Sólo nos quedaba el oscuro tramo desde la ruta hasta el hospedaje. El silencio era absoluto una vez que los autos quedaban atrás y sólo nuestras pisadas hacían algún sonido… Hasta que hubo otro sonido entre la vegetación junto a nosotros. Antes de poder siquiera comenzar a pensar de qué podría tratarse, un ciervo shika da un salto desde los matorrales y aterriza en la calle, a no más de dos metros frente a nosotros, para dar rápidamente otro salto y desaparecer luego de cruzar. ¡…Oh–!

Sólo nos quedaba ordenar nuestro equipaje, ya que mañana nos marchamos rumbo a… “Oh, es cierto, tengo que buscar nuestro próximo destino!”. Nuestra idea durante el trazado de la ruta siempre tuvo a la isla Sado, frente a las costas de Niigata, como uno de sus vértices, pero ahora lo estaba dimensionando de otra forma. Trataba de proyectar en mi cabeza una decena de posibles combinaciones y rutas, uniendo los diferentes puntos, sumándole un par de dados por el azar de la lluvia. Definitivamente no podremos ir a Sado si queremos llegar a Shirakawa. Entonces… ¡Mañana nos dirigimos hacia Kusatsu!

6-nov. [Nikkō – Kusatsu]
148,9 km

Realmente fue buena idea quedarnos una noche más, ya que pude dormir muy bien y recuperar energías antes de continuar nuestro viaje. Aunque antes de marcharnos, teníamos que realizar una última cosa en Nikko.

Entre los manga del hospedaje, me alegró encontrar “Higurashi: When They Cry”. Lo consideré una señal de que esta vez lograríamos parar por Shirakawa.

Ayer, en medio de nuestra caminata, descubrimos algo que hizo que algunas piezas encajaran, piezas e indicios repartidos en distintos lugares de nuestro recorrido por Nikko, y es que este es el lugar de donde vienen los tres monos sabios (san-saru) del “no ver, no oír, no decir”.

Salimos temprano caminando, con la esperanza de alcanzar a recorrer los templos y volver antes de las 11:00. Entramos por el lado del santuario Futarasan, donde estaba el conejo dorado, y desde ahí fuimos hacia los otros lugares. Teníamos poco tiempo y al añadir que el acceso hacia el resto de los templos era pagado y tenían una fila bastante considerable, decidimos dar media vuelta hacia el hospedaje. Así fue como nos convertimos en el mono Mizaru y no vimos.

Pagoda Gojū-no-tō.
Linternas de piedra en el paso Kamishin.
Estanque atrás del templo Nikkozan Rin’nōji.
Buddhas de piedra.
Santuario Tobiishi Hachiman.

A las 12:15 partimos en la moto, con el sol brillando sobre nosotros, rumbo a Senjogahara y al oeste.

Tomamos la Ruta Nacional 120, donde no pasó mucho desde que dejamos Nikko para comenzar un tramo de emocionantes curvas que subían por los faldeos del monte Nantai. El lago Chuzenji apareció en medio de un mundo de montañas anaranjadas, acompañándonos junto a la ruta durante algunos kilómetros. Me recordó muchísimo al paisaje de ir junto al lago Villarrica, en la Araucanía de Chile.

[Ruta Nacional 120 junto al lago Chuzenji. Chūgūshi, Nikko, Prefectura de Tochigi]
[Ruta Nacional 120. Chūgūshi, Nikko, Prefectura de Tochigi]

Senjogahara corresponde a un sitio RAMSAR desde el 2005, Oku-Nikko-shitsugen, debido a su alto valor como hábitat para las aves acuáticas, por lo que se ha potenciado su protección y conservación. Todo esto mientras forma parte del Parque Nacional Nikko

Nos dirigimos hacia plataforma de observación que mira hacia el páramo para observar un rato, además de caminar por el sendero de madera. Habían algunos zorzales de distintas especies y también una bandada de enaga que, a diferencia de las lejanas manchitas blancas de Hokkaido, ahora pudimos apreciar realmente cerca.

Páramo Senjōgahara.
Eyebrowed Thrush (Turdus obscurus)
マミチャジナイ | mamichajinai
Long-tailed Tit (Aegithalos caudatus)
エナガ | enaga

En el parque Sanbonmatsu descansamos un poco y comimos unas ricas gyoza croquette que vendían en el lugar. Ahora nos tocaba continuar por la ruta, que aún no llegaba a su máxima altura.

Parque Sanbonmatsu.
Deliciosa gyoza croquette. 360 円

Más adelante apareció otro lago, aunque bastante más abajo de nosotros, el lago Yuno. Estábamos muy alto y podíamos ver una gran extensión del paisaje montañoso y el gran monte Nikko-Shirane coronado de nieve, el cual era el gran titán del paisaje.

[Ruta Nacional 120 junto al lago Yuno. Yumoto, Nikko, Prefectura de Tochigi]

“¡Oh!”, dos palmadas apresuradas en la rodilla de Feru y mi mano izquierda apuntando en diagonal frente a nosotros. Parte de la comunicación no verbal en moto. ¡Un ciervo shika! ¡¡Un enorme macho con su cornamenta completa!! Estaba de pie junto al camino y atrás de él estaba la infinita cuenca desde la que veníamos. Una escena muy linda y emocionante. Fue nuestra última visión de Nikko y de la prefectura de Tochigi.

Allá está el monte Nantai en el horizonte. [Ruta Nacional 120. Yumoto, Nikko, Prefectura de Tochigi]

El paso Konsei es el cruce entre las prefecturas de Tochigi y Gunma, mediante el túnel del mismo nombre, a una elevación de 2.024 metros. Este sería el punto más elevado de nuestra ruta y para nosotros en Japón.

El descenso por el lado de Gunma eran tan lindo como el de Tochigi, pero sumarle una pendiente en descenso a todas las curvas le daba más adrenalina al recorrido, especialmente con una alfombra de hojas que delimitaba el límite entre la tracción y el derrape.

[Ruta Nacional 120. Higashiogawa, Katashina, Prefectura de Gunma]

Llegamos a la Michi-no-Eki Oze Katashina y el paisaje que se veía desde ahí eran puras montañas. Recargué energías con un rico jugo de tomate y Feru se llevó una cerveza de tomate. Ya imaginarán cuál es uno de los productos estrella de la localidad.

Michi-no-Eki Katashina
¡Que preciosa vista tiene esta michi-no-eki!
Jugo de tomate local.

La Ruta Nacional 12 seguía guiándonos hacia el oeste, ahora en un estrecho parche rural, rodeados de montañas a ambos lados. Vimos aparecer algunas akiya, casas abandonadas, aquí y allá. Señales de una vida rural que se apaga.

[Ruta Nacional 120. Shirasawamachi Namae, Numata, Prefectura de Gunma]

Llegamos a la Michi-no-Eki Shirasawa, mientras el sol se escondía tras el horizonte y daba algunas últimas pinceladas cálidas a las nubes antes de decidir oscurecerlas. El viento soplaba con intensidad y hacía caer las hojas para crear remolinos con ellas.

Probamos un rico jugo de manzanas de la zona y comimos karaage para sumar un poco de calor a lo que nos quedaba de viaje. Todavía nos quedaban unos 60 km de recorrido, los que Maps estimaba en una hora y media, todo esto a oscuras. Al subir a la moto, dos señoras mayores que venían saliendo del onsen se acercaron a nosotros. “Baiku samui desu ne?” (‘Mucho frío en moto, ¿cierto?’). “Hontoni samui!” (¡Muy frío!). El frío de Hokkaido enseñó palabras importantes.

Michi-no-Eki Shirasawa
Michi-no-Eki Shirasawa.
Jugo de manzana local.
Karaage. 300 円

Cruzamos la ciudad de Numata y nos dirigimos al área entre montañas otra vez. Si la preciosa Ruta Nacional 120 fue la protagonista del día, ahora la Ruta Nacional 145 sería la de la noche. Carente de paisaje, aunque se notaba que íbamos rodeados de bosques.

Nos detuvimos afuera de la Michi-no-Eki Yamba Furusatokan, que por la hora ya estaba cerrada. Aquí fue donde, realizando una estrecha vuelta en U, una mala coordinación entre embrague y acelerador me hizo apagar el motor y estuvimos cerca de caer con la moto de lado. “¡Ah! ¡¡No vas a caerte!!”. Fue el momento que temía al elegir la moto, pero mi pierna logró ahorrarnos la caída (y pagar los daños). ¡Esto no puede volver a ocurrir!

Sólo nos quedaban 13 km. Hacía frío y el viento, aunque no tan fuerte como a campo abierto, empeoraba la sensación térmica para nosotros.

Llegamos a la Nick House Kusatsu que encontré ayer por Airbnb, a las afueras de la ciudad de Kusatsu. “¡Pero estamos en medio de la nada!”, comentó Feru, luego de doblar desde la ruta principal hacia un pequeño conjunto de casas en medio de la nada. Aún así, en esa esquina había un 7-Eleven… y era el único local que nos separaba de la nada y la nada absoluta.

Nick, un hombre mayor, alto y delgado, salió de una gran casa de madera y nos dio una jovial bienvenida usando inglés y japonés indistintamente. Cuando vio la moto estacionada bajo el farol de su casa nos habló con alegría y sorpresa. Fue aún mayor su reacción cuando le contamos que veníamos desde Nikko y que nos dirigíamos hacia Shirakawa.

Siempre es entretenido ver distintas reacciones asociadas al hecho de estar viajando en moto. Posiblemente el equivalente moderno a llegar a caballo desde un lugar lejano. Atribuyo a la moto varios encuentros e interacciones que, de otra forma, difícilmente habría ocurrido. Incluso, y por mucho que prefiera evitar conversaciones y mantener mi distancia de las personas, puedo admitir que la mayoría han sido momentos muy gratos y varios de ellos los atesoro con cariño.

Antes de presentarnos nuestra habitación, nos dijo de forma preocupada “I have a problem“. Oh no, qué pasó esta vez. “As today was a hot day, I have many bugs inside the house“. Sonreí. “Daijobu! I love bugs!“. Volvió a reírse mientras subíamos las escaleras. Nuestra habitación nos recibió con un par de decenas de mushi (‘bichos’), algunos sobre la cama, varios en las paredes y otros en el techo. Yo estaba encantado, tomando fotos y tratando de distinguir qué especies eran. Feru… Ella sufría. Luego de unos minutos de entretención con una cajita plástica logré sacarlos a todos por la ventana.

El 7-Eleven nos proveyó de rica comida para microondas para celebrar el final del día. ¡Muy rico! También pudimos ver un par de ciervos shika echados en el borde del bosque junto a la casa. Me pregunto si dormirán aquí para evitar a los osos en un ambiente de vegetación más densa.

Ciervo sika (Cervus nippon)
シカ | shika

Antes de dormir bajé donde se encontraba la lavadora. ¿Esto qué tiene de relevante?, es lo que podría preguntarse cualquiera. Estuve un buen rato tratando de entender cómo rayos funciona una lavadora automática (algo demasiado sofisticado para alguien que creció con una lavadora manual) y cuando al fin lo logré, di media vuelta y ¡bam! Me di un fuertísimo golpe en la cabeza con el dintel del lugar. En la escala de cabezazos, este marcó un nuevo récord, más que aquel de Hokkaido, y me dejó ahí un buen rato viendo estrellas.

“Mañana de seguro tendré un chichón…”, fueron mis últimas palabras mientras me acostaba y escuchaba a Feru riéndose, una vez más, por sumar otro cabezazo en el viaje. “Te pasa por ser muy largo”, afirmó.

Mañana nuestro viaje continuará hacia la costa del Mar de Japón, en la mitad norte de la isla. Los pronósticos indican que la lluvia se acerca y nos alcanzará en nuestra próxima región: Chubu.

つづく

Más detalle en MyMaps.

Distancia total Kanto: 423,1 km

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