Libros de aves – alfa y omega

A fines del año pasado, casi de pura casualidad me topé con un libro que llevaba años buscando. Se trataba de “Aves de Santiago”, de Guillermo Egli y Juan Aguirre, el cual fue mi primer libro de aves, hace ya 16 años. Tenerlo en mis manos luego de tanto tiempo fue el catalizador para que variados y valiosos recuerdos llegaran a mi mente. Todos ellos siendo parte de un tejido entrelazado, ahora inseparablemente, con las aves.

(Oh no, ¡el protagonista está apunto de largarse con un racconto!)

“Aves de Santiago” (Guillermo Egli y Juan Aguirre. 2000)

Era el año 2010, un año que cada vez que miro hacia atrás veo lo complejo que fue. Mi primer mochileo al sur, luego el trágico terremoto del 27 de febrero, entrar a estudiar agronomía, depresión, ver Alturas de Machu Pichu en vivo en Valparaíso y un eclipse lunar total para cerrar el año.

Creo que se pone peor cuando pienso que el siguiente año horrible de mi vida fue el 2015, seguido del complejo 2020, el año de la plaga, para luego volver a enfrentar la maldad el 2025. (¿Qué estará pensando el director para el 2030? Espero seguir escribiendo para entonces).

Aves de Santiago

Es en medio del 2010 que ocurre un evento importante, tal vez uno de esos momentos decisivos. Recuerdo estar en Antumapu, en paro (¿por qué estábamos en paro esa vez? no lo recuerdo) y, como solía llegar bastante más temprano que los demás a la facultad, tenía tiempo para suficiente para… sentarme en una banca y no hacer mucho. ¡Aquí es donde ocurre! Un pajarito vocalizaba desde las ramas de un árbol, justo cerca de mí.

Como se conjugó el campus vacío y que mi atención estuviera completamente (des)ocupada mirando nubes (probablemente), este pajarito era lo único que sonaba y obtuvo toda mi atención.

«¿Qué ave será esa?»

No tenía idea, honestamente. Simplemente veía una pequeña “papa emplumada” moviéndose entre el follaje. Curiosidad.

Fue esta curiosidad (y el ocio, algo muy menospreciado en la sociedad) que me llevó a la biblioteca, donde usé uno de los computadores para mirar en internet. Oh sí, computadores con internet, algo que no existía en mi casa y que adoraba de la universidad.

Ya, suficiente vejez, avancemos.

Google me guió a la web www.avesdechile.cl (¡esta página luce hoy igual que en aquel entonces!), donde pude ver una enorme lista de nombres. «¡Oh! Hay muchas aves en el país».

Pinchando nombres familiares vi las diferencias entre un chincol y un gorrión, que el “aguilucho” en verdad era un tiuque, y que el pajarito misterioso era un chercán.

Chercán común (Troglodytes musculus)
[Campus Antumapu, La Pintana | 2017]

Así, la curiosidad pasó de una llama azul a una llama naranja. Después entré a la web de la biblioteca, el Catálogo Bello para buscar algún libro. Hace poco le contaba esto a mi amigo Juan Salazar, quien envejeció in situ al escuchar “Catálogo Bello”.

Buscar: aves de chile

Los dos resultados principales eran el libro “Aves de Chile”, de Álvaro Jaramillo, y “Aves de Santiago”, de Guillermo Egli y Juan Aguirre.

Considerando la cantidad de páginas y que no sabía nada de nada, podría partir con el segundo libro. Después de todo, iba a aprender en Santiago. Así fue como pedí el libro y esperé un par de días a que llegara a la facultad.

“Aves de Santiago” (Guillermo Egli y Juan Aguirre. 2000)

Las semanas siguientes las aproveché hojeando el libro, repasando las fotos de unas 50 especies y también poniendo atención a todas las aves del campus. Debo mencionar que, en mi cabeza y mi corazón, ¡Antumapu siempre será el mejor campus para pajarear! ¡Tiene muchísima diversidad de aves!

Página del chercán en el libro “Aves de Santiago”.

Aves de Chile

Un par de meses después pedí el “Aves de Chile”, pasando de una fotografía por especie a bellas y variadas ilustraciones. Además, se sumaron cientos de especies del resto del país, así que podía maravillarme con la gran diversidad de las 475 especies en sus páginas.

“Aves de Chile” (Álvaro Jaramillo. 2005)

«¡Qué ganas de poder ir a otras regiones y conocer esas aves!»

Antes de acabar el año 2010, pude comprar mi propio libro “Aves de Chile”. Recuerdo su portada reluciente (y cómo los años de mochila la fueron opacando). Lo llevaba a todas partes, leyéndolo en la micro rumbo a la universidad y también me acompañó en mi primera aventura fuera de Santiago.

Con esta nueva dimensión de las aves desbloqueada, pude conocer el Parque Nacional Radal Siete Tazas. ¡Pajarear ahí fue genial!

Santuario de la Naturaleza Laguna El Peral
[El Tabo | 2011]

En enero de 2011, aprovechando cada oportunidad para pajarear, visité el Santuario de la Naturaleza Laguna El Peral. Allí, entre todos los patos que no conocía, apareció fugazmente un cazamoscas tijereta. «¡¡Mira esa cola!!». De inmediato revisé el libro, el que confirmaba lo raro del avistamiento y también hizo que quisiera compartir lo que vi con más personas, en caso de que fuera útil. Así fue como encontré una plataforma llamada eBird y la cosa se puso más entretenida aún.

Prácticamente esto, pero con un cazamoscas tijereta.

A partir de entonces, encontré también a la ROC, con quienes empecé a participar en salidas de observación de aves con más personas.

Ahora usaremos la máquina del tiempo y avanzaremos casi 10 años en dos líneas de texto.

Poco antes de la pandemia me regalaron un nuevo libro, “Aves de Chile. Sus Islas Oceánicas y Península Antártica”. No fue hasta iniciada la pandemia que me puse a buscar, desesperadamente, el libro “Aves de Chile. Guía de campo y breve historia natural”. Fue una búsqueda muy difícil, pero logré encontrarlo en una librería de Pucón y me lo mandaron (¡les quedaban dos!). Y ya el último nacional que conseguí fue el nuevo “Aves de Chile. Guía de campo”.

“Aves de Chile. Sus Islas Oceánicas y Península Antártica” (Enrique Couve, Claudio Vidal y Jorge Ruiz. 2016)
“Aves de Chile. Guía de campo y breve historia natural” (Daniel Martínez y Gonzalo González. 2017)
“Aves de Chile. Guía de campo” (Daniel Martínez. 2023)

Como un extra, y usando la máquina del tiempo nuevamente, pude encontrar a buen precio los dos volúmenes de “The Birds of Chile and Adjacent Regions of Argentina, Bolivia and Peru”. Son las ediciones en inglés de los que salieron en 1946 y 1951, y por lo mismo resultan más baratos que las otras rarezas.

“The Birds of Chile and Adjacent Regions of Argentina, Bolivia and Peru. Volume I” (A.W. Johnson & J.D. Goodall. 1965)
“The Birds of Chile and Adjacent Regions of Argentina, Bolivia and Peru. Volume II” (A.W. Johnson & J.D. Goodall. 1967)

Aves de Japón

Durante la pandemia también me animé a encargar mi primer libro de aves de otro país, con la intangible, pero siempre presente idea de

«Algún día espero visitar Japón»

Aluciné mucho viendo sus páginas, con muchas aves completamente nuevas y diferentes a las de Chile. Esto era, tal vez, el equivalente a tener una nueva Pokédex, jeje. Una maravilla que, además, ¡trae para cada especie un QR vinculado a su página en eBird!

“Birds of Japan” (Otani Chikara. 2019)

Más emocionante aún fue cuando pude cumplir con la ilusión de viajar a Japón y sentirme feliz de poder experimentar nuevamente el desafío de no conocer nada y querer aprenderlo todo. El libro se lució ayudándome a reconocer las especies que veía, acompañándome dentro de una alforja a lo largo de la ruta. Además, en aquellos viajes conseguí otras dos preciosas guías de campo locales.

“A Field Guide to the Birds of Japan” (Takano Shinji. 2015)
“Field Guide to the Birds of Japan” (Mizutani Takahide. 2025)

Aves del mundo

Hace pocos meses tuve la suerte de encontrar a alguien vendiendo el (GRAN) libro “All the Birds of the World”. Desde que salió lo miré con entusiasmo, aunque su alto valor, peso y costo de envío me hicieron desistir de tenerlo, ¡pero ahora apareció la oportunidad en Chile (y a buen precio)!

“All the Birds of the World” (Josep Del Hoyo. 2020)

El libro es colosal. Creo que es el único término apto para 4,7 kg de indomable libro, el cual trae ni más ni menos que las 11.524 especies del mundo. Hacen su aparición nuevamente los QR que vinculan a todas esas especies con la multimedia de eBird.

Y lo último que encontré, luego de años de búsqueda, fue ese primer libro con el que partí este largo, emocionante y alegre camino emplumado de las aves. Poder ver juntos estos dos libros, que van desde las aves de Santiago hasta todas las aves del mundo, fue algo lindo e inspirador. Así es como nació la motivación de escribir todo esto.

El recorrido comenzó cerca de casa con las aves de Santiago, ¡y hoy veo ante mí un gran mundo lleno de aves! Creo que así parten las aventuras que valen la pena.

De esta forma hoy, con 364 especies de aves vistas desde ese chercán el 2010, han sido 16 años que puedo mirar hacia atrás y ver además las aves que se han mezclado con la historia aquí y allá.

Chirihue austral (Sicalis lebruni). La última especie que he conocido.
[San Gregorio, Magallanes | 2026]

A pesar de la constante y conveniente digitalización de la información, lo cual sin duda ha ayudado a hacerla más asequible, creo que los libros de aves son algo irreemplazable y esencial. Pasar páginas con bellas ilustraciones es una experiencia rica, a un ritmo más lento y pausado, tal como lo es pajarear.

¡A seguir pajareando!

Mi colección “Aves de…” al día de hoy.

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